08 febrero 2013

Cuatro nuevos sacerdotes al servicio de la diócesis de Terrassa


El domingo día 3 de febrero, a las 18h. en la Catedral Mons. Saiz Meneses, Obispo de Terrassa, ordenó cuatro nuevos presbíteros al servicio de la diócesis. Concelebraron en la misa Mons. Salvador Cristau, Obispo Auxiliar y Rector del Seminario, Mons. Carlos Escribano, Obispo de Teruel y Albarracín, Mons. Jaume Traserra, Obispo emérito de Solsona y un centenar de sacerdotes de la diócesis y de otras diócesis. Asistieron un buen número de diáconos y los seminaristas de la diócesis. El templo se llenó hasta rebosar de feligreses provenientes de parroquias y movimientos.

Los nuevos presbíteros ordenados son Mn. Santiago Cortés Velasco, Mn. Javier Fernández Pérez, Mn. Oriol Gil Termes y Mn. Francisco J. Ondó Bindang.

En su homilía, Mons. Saiz Meneses comentó las lecturas de la liturgia del domingo IV durante el año y subrayó especialmente que “Jesús llamó a los que quiso. la llamada es una decisión del Señor, un don, una gracia suya. No es un derecho del hombre, ni el resultado de un proyecto personal o de terceras personas que pudieran inclinar la balanza de la decisión en una dirección concreta. Asimismo debe quedar excluido todo planteamiento del sacerdocio como posible camino de promoción social o de modus vivendi. El sacerdocio es entrega, es servicio, es renuncia a los bienes materiales, a los honores, a las distinciones, a los poderes. Nuestro único tesoro es el Señor.”


Más adelante, reflexionando sobre la caridad pastoral, afirmó que: “nosotros estamos llamados a vivir esa caridad desde nuestro sacerdocio, desde nuestra configuración con Cristo. Por eso, nuestra caridad, es caridad pastoral. La caridad pastoral es un aspecto esencial en el ministerio y la vida del Presbítero, es el elemento fundamental y unificante. El decreto conciliar Presbyterorum Ordinis, en el número 14, la presenta como generadora de unidad de vida en el presbítero: “conseguirán la unidad de su vida uniéndose a Cristo en el conocimiento de la voluntad del Padre, y en el don si mismos por el rebaño que les ha sido confiado. Así, desempeñando el oficio de buen pastor, en el mismo ejercicio de la caridad pastoral hallarán el vínculo de la perfección sacerdotal que reduzca a unidad su vida y acción”.

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