Parecía un pentagrama con la música más dulce jamás imaginada, pero sus notas invisibles no dejaban de cantarnos su canción. No supo decir cuál era su color, ni las dimensiones de su grandeza, ni siquiera el sabor que tenía; apenas pudo decir nada, pero tenía la total certeza de que aquello existía sin tener palabra con la que contarlo, ni pincel para poderlo pintar. ¿De qué se trata? Y ella contestó azarosa: del amor, hijo, del amor. Que sabes que es y está, que te llena y sobrepasa, pero no aciertas a contarlo por más que le des vueltas y vueltas. Se te nota, porque la vida cambia, tu mirada tiene otro brillo, tu entraña otra piedad, y tus manos se hacen de pronto dadivosas como una bendición. Y es que hay cosas que te sostienen y te acompañan, y sin embargo parece que no son o que no están. Esto ocurre nada menos que con Dios y no sólo con el amor. Así como sería despreciable quien pusiese censura o redujese a lo privado el amor y la esperanza sólo porque desborda el modo de contar y describir, ¿qué diríamos si la dimensión religiosa estuviera también vendida, proscrita como si fuera un apéndice malhadado que hay que tapar o evitar?
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22 junio 2013
12 diciembre 2012
El Papa está que trina (Mons. Jesús Sanz)
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Trinar... de otra manera. No es extraño el desafío cristiano ante las lenguas, culturas y modos de comunicación entre los pueblos. Desde el primer momento hubo que afrontar ese reto cuando sin más bagaje cultural, lingüístico o técnica comunicativa Jesús emplazó a los primeros discípulos a ir a todo el mundo para anunciar la Buena Noticia. Misioneros de todas las épocas han buscado el modo para comunicar el encuentro con Jesús como alguien vivo, capaz de conmoverse con mis penas y gozar en mis alegrías, alguien que con respeto y vigor ofrece la respuesta a mis preguntas todas. En este sentido, confieso que me hizo ilusión ver al Papa asomado a un iPad. La instantánea de la Agencia Reuters nos lo presentaba en una estancia del Vaticano, entre vitrinas de libros y discretos cortinajes, un reloj de colección sobre la mesa, y rodeado de señores y monseñores que miraban asombrados el dedo del Pontífice mientras picaba el artilugio digital. |
15 febrero 2012
Whitney Houston: una voz admirable y enmudecida, por Mons. Jesús Sanz
Queridos hermanos y amigos: paz y bien.
Cada día mueren miles y miles de personas, y porque la muerte forma parte paradójicamente de la vida, no nos solemos sobresaltar por el dato. Salvo que la esquela lleve un nombre de alguien cercano o querido, porque entonces la muerte nos enseña su zarpa y deja marcado el rasguño de su impostura en nuestras entrañas. Pero hay también, de vez en cuando, muertes que podríamos llamar “emblemáticas”, muertes que nos sobrecogen por su absurdo más imprevisto, más impensable y menos de recibo. No es el caso de un accidente o una enfermedad, sino el haberse dejado morir cuando parecía que todo conspiraba para poder seguir viviendo.
Estos días atrás nos hemos enterado del fallecimiento de una cantante famosa: Whitney Houston. La belleza de su voz tan llena de fuerza y de talento, bien encajada en su hermosura encantada, hubiera asegurado una vida no sólo premiada, sino serena y gozosa, con todo cuanto se podría en principio tener para vivir dichosamente la existencia. Quien fuera una de las más importantes cantantes de gospel y de música pop y soul durante varias décadas, de pronto ha enmudecido su voz para siempre y ha quebrado su cuerpo hundido en un naufragio de bañera.
29 julio 2011
JMJ. En agosto florece la esperanza, por monseñor Jesús Sanz
Queridos hermanos y amigos. Paz y Bien. En estos días hemos visto a jóvenes asesinados por otro joven enloquecido en una isla junto a Oslo, en Noruega. Otros se han acampado en medio de las plazas de ciudades para reivindicar su particular decálogo, que oscila entre la justa y fresca aspiración a que las cosas sean distintas, y la revolución en nombre de la nada y del hastío. Otros se mueven de acá para allá buscadores inquietos pero tal vez sin norte y sin maestros, y como decía el Quijote deambulan sin saber de dónde vienen y sin saber a dónde van. Pero también hay otros que no van segando la vida de nadie, ni están en las movidas ácratas que terminan por llenarte de vacío, ni tampoco se agitan por entusiasmos de corto recorrido con dichas que duran lo que tarda un suspiro bebido, movido o fumado.
Sí, hay otros jóvenes, no pocos, están en los últimos momentos de preparación para el encuentro con el Papa Benedicto XVI en la JMJ, la Jornada Mundial de la Juventud. ¡Qué contraste de vaivenes, de posturas, de ideales! Siempre impresiona el hecho de que un grupo de más de un millón y medio de jóvenes, vengan a escuchar a un anciano octagenario que no les va a cantar ningún rap, ni a demostrar su resistencia física en un deporte de moda, ni a engatusar con una ocurrencia de revolución de medio pelo, sino que les va a hablar del Evangelio, de Jesucristo vivo, de la Iglesia de Dios.
05 enero 2011
“El testimonio de la pro-vocación”, carta de Mons. Jesús Sanz
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