Copacabana convertida, una vez más, en la playa de la fe y de la adoración a Jesús sacramentado. Una playa que quedará bendecida para siempre. Y el Papa, como el entrenador del gran equipo de la juventud católica, que pide a sus jóvenes que sean "atletas de Cristo" y "futboleros de Dios".
Y, como siempre, la entrada triunfal del Papa, recorriendo el paseo de la playa. Mientras pasa, la multitud le grita, le vitorea, le saluda y le lanza (cariñosamente de todo), desde camisetas a bunfandas y otros objetos. Le lanzan tantas cosas que, al final, se encuentra con una especie de mercadillo en el papamóvil. Parece la entrada de Jesús en Jerusalén.