Desde la vida de los jóvenes y el camino compartido con ellos, he elaborado una reflexión, que el último número monográfico de "Imágenes de la Fe"(Editorial PPC- Enero 2013) la presenta en su totalidad. Comparto la conclusión de dicho trabajo que presento como un decálogo para acompañantes de jóvenes.
Todo se enmarca en un principio fundamental descubierto: quien obra y trabaja en el corazón del joven es el Espíritu Resucitado de Jesús, que le va mostrando el amor del Padre y el sueño que éste tiene sobre él. Nosotros tenemos el gran papel de colaborar con ese Espíritu, que nos alimenta a nosotros mismos y nos da fuerzas para acompañar gratuitamente. Desde este Espíritu, la lectura creyente y sobre todo la vida compartida con jóvenes considero:
1. El centro del "quehacer" al acompañar está en la persona con la que compartimos camino; son su proceso, su momento y sus inquietudes los que tienen que centrar nuestra acción y animación. A nosotros nos toca dejarnos afectar por su persona y su proyecto para servirle en orden a su autonomía y crecimiento.