Conozco a Jaime Mayor Oreja desde hace más de 15 años. Siempre ha sido una persona coherente y defensora de sus principios. Lo ha demostrado con las víctimas del terrorismo. Durante la presentación de mi libro Secuestrados en 1997, siendo ministro del Interior, ya lo dijo alto y claro, aludiendo a José Antonio Ortega Lara, Cosme Delclaux o Mirentxu Elósegui, la única mujer secuestrada por ETA: “Son personas con nombres y apellidos a las que nunca debemos olvidar”. Y siempre ha cumplido su palabra.
Ahora acaba de salir en defensa de la Iglesia católica en La Tercera de ABC. Tampoco me sorprende. Es valiente y sagaz. Frente a las voces endiabladas que claman por una “modernización” de la Iglesia que otorgue carta de naturaleza a la ordenación sacerdotal de las mujeres, suprima el celibato eclesiástico o admita el aborto convirtiéndose en cómplice del gran holocausto del siglo XXI, Mayor Oreja escribe elocuente y sereno: