De entre las muchas frases intimidatorias que veo en mis cajetillas de tabaco, hay una que advierte sobre la posible aparición de impotencia a largo plazo. Tras lo visto ayer en el Santiago Bernabeu, el Atlético de Madrid debería lanzar una campaña agresiva para que tanto directivos, aficionados, cuerpo técnico como jugadores (que a buen seguro alguno habrá que le dé de vez en cuando) dejen de fumar.
La parroquia rojiblanca tenía un pálpito -razonable, por lo visto de uno y otro equipo hasta la fecha- que le hacía afrontar el derbi capitalino con la esperanza de romper la racha de trece años sin ganar en el templo blanco. Un pálpito que duró quince minutos (algo más que en los últimos años), hasta que Cristiano Ronaldo sacó a pasear su fusil tras una falta tonta de Arda Turan quitándole el balón con la mano al portugués en un gesto más propio de unpiedra, papel o tijera que de un partido de fútbol. El espigado Courtois y la hinchada colchonera se vieron de pronto subidos en unDeLorian con condensador de fluzo trasladándose en el tiempo a la temporada pasada, en la que el portero se tragó un libre directo lanzado por ceerresiete. Parece que Marty McFlyestaba ocupado con otros quehaceres, porque tras el viaje al pasado el disparo volvió a acabar en gol. Eso sí, esta vez por mérito del delantero, que ejecutó un bonito disparo por encima de la barrera que hizo inútil la estirada del arquero.