Me da pena pensar que una oración que tanto bien hace en mi vida sea asociada a unas cuantas “ancianitas” rezando en los bancos de una iglesia solitaria. Tengo que reconocer que no siempre he estado tan unida a la Virgen como actualmente. Aunque me queda mucho camino por andar, desde que no suelto esta preciosa devoción del Rosario, noto que acudo mucho más a mi Madre del cielo como intercesora a todas mis pequeñas preocupaciones, y cómo Ella va actuando a pesar de mí.
Algo tendrá esta oración cuando grandes santos como Juan Pablo II la recomendaban y practicaban, y cuando la mismísima Virgen ha acudido a recordarnos en el tiempo y en el espacio (Fátima, Lourdes,…) que agarrándonos a ella nos agarramos a la Salvación.