14 julio 2013

La estremecedora historia del milagro que hará beato a Mons. Álvaro del Portillo

El milagro que permitirá la beatificación de Mons. Álvaro del Portillo, el recordado sucesor de San Josemaría Escrivá al frente del Opus Dei courrió hace diez años en Chile. El protagonista es el niño chileno José Ignacio Ureta Wilson, quien a los pocos días de nacer, sufrió un paro cardiaco de más de media hora y una hemorragia masiva.
Los padres de José Ignacio rezaron por su hijo pidiendo la intercesión del Venerable Siervo de Dios Álvaro del Portillo desde el embarazo, que presentó numerosas dificultades.
Durante algún tiempo, la madre incluso llevó sobre su vientre una estampa de Don Álvaro. Después puso una estampa sobre la cuna del niño y pidió a sus amigos y familiares que encomendaran la salud de su hijo a Mons. del Portillo.
José Ignacio nació el 10 de julio de 2003 una hernia de intestinos a la vista, una cardiopatía congénita que mezcla la sangre venosa con la arterial y una malformación de ambos hemisferios cerebrales por alteración de la migración neuronal.
Con sólo dos días de vida, el niño fue operado para corregir la cardiopatía. Sufrió un paro cardíaco e hipotermia. Superó estos episodios y presentó tres crisis por falta de oxígeno, su pulmón izquierdo colapsó. Todo esto le causó lesiones graves en el cerebro por falta de oxigenación en la zona encefálica.
El 2 de agosto de 2003, estando en la clínica, a José Ignacio se le presentó una insuficiencia cardíaca aguda y sufrió un paro cardiaco que duró entre 30 y 45 minutos. Los médicos realizaron maniobras de reanimación con repetidas transfusiones de sangre.
Poco a poco, los médicos redujeron el ritmo de las maniobras de ventilación manual y de masaje cardiaco, pues pensaron que el niño estaba muerto.
Cuando pensaron que su vida había terminado, el corazón del recién nacido comenzó a latir de nuevo hasta alcanzar enseguida un ritmo de 130 pulsaciones por minuto. Los médicos Felipe Heusser y José Ignacio Rodríguez, que atendieron al menor, están seguros que la curación de José Ignacio no tiene explicación científica.
Los médicos pensaron que el niño sufriría graves consecuencias pero, por el contrario, las condiciones del bebé mejoraron y un mes después fue dado de alta.
Ahora, José Ignacio es un niño normal, aunque muestra algunos vestigios de sus antiguas dolencias, va al colegio, obtiene buenas calificaciones, juega fútbol y hasta es líder de su grupo.
Los padres aseguran que durante el paro cardiaco pidieron con gran fe la curación de su hijo, recitando la oración de la estampa de don Álvaro del Portillo.
"Los doctores nos habían confirmado que nunca pensaron que mi hijo viviría. Constantemente nos recalcaron lo sorprendente de la salvación de José Ignacio. Una vez uno de los médicos nos preguntó a quién le habíamos rezado. Los demás doctores también estaban sorprendidos. (…) Por eso, para nosotros todo esto solo tiene explicación a la luz de Dios y de la intercesión de don Álvaro", comentó Susana Wilson, madre de José Ignacio, a diversos medios locales.
"Junto a mi esposo, cuando analizamos nuestra vida de matrimonio, nos damos cuenta que para nosotros el milagro de José Ignacio ha sido un proceso de conversión y de acercamiento muy profundo a Dios. Esperamos que don Álvaro siga intercediendo por nosotros en el futuro, como hasta ahora", añadió Susana Wilson.
Por su parte, el Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, declaró que la próxima beatificación de Álvaro del Portillo es motivo de "honda alegría". Echevarría ha recordado a Mons. Álvaro del Portillo como "un gran apoyo para San Josemaría y un fidelísimo colaborador de Juan Pablo II".
Finalmente, Mons. Capucci, postulador de la causa en el Vaticano, explicó que, una vez aprobado el milagro, corresponde a la Santa Sede determinar la fecha de la beatificación. Probablemente la ceremonia tendrá lugar en Roma, por ser la ciudad donde falleció el venerable Álvaro del Portillo.
Álvaro del Portillo nació en Madrid el 11 de marzo de 1914, era ingeniero, doctor en filosofía y letras y en derecho canónico y en 1935 se incorporó al Opus Dei, convirtiéndose en el principal colaborador del fundador, Escrivá de Balaguer, canonizado también por la Iglesia en el 2002. Sacerdote desde 1944, en 1975 se hizo cargo del Opus Dei -orden presente en 65 países y que cuenta actualmente con 88 mil miembros, la mayoría laicos- y falleció en Roma en 1994.