21 julio 2013

JMJ: clases particulares, obras de teatro, hasta conciertos de música, ayudan a los peregrinos a costearse el viaje a Río. Los primeros ya han llegado

La mayoría ya participó en la JMJ de Madrid en 2011 y no quiere perderse la experiencia de ir a Brasil. Llevan años trabajando para poder costearse el desplazamiento. Ahora están ilusionados con poder participar en este evento internacional y, además, conocer al nuevo Papa.
La mayoría ya participó en la JMJ de Madrid en 2011 y no quiere perderse la experiencia de ir a Brasil. Llevan años trabajando para poder costearse el desplazamiento. Ahora están ilusionados con poder participar en este evento internacional y, además, conocer al nuevo Papa.

Pocos son los jóvenes católicos españoles que no han vivido una Jornada Mundial de la Juventud. En el verano de 2011 tuvieron una oportunidad única al recibir al Papa Benedicto XVI en las calles de Madrid y en la explanada de Cuatro Vientos. La distancia que los separaba de la capital era ínfima y los costes no eran un gran reto. Ahora la JMJ se celebra en Río de Janeiro y las dificultades aumentan, pero eso no detiene a los más audaces.
Es el ejemplo de Victoria, de 25 años, que montó un grupo de teatro con sus amigos e hicieron una gira por España, además de dar conciertos de violín y violonchelo para financiarse el viaje. Otra joven peregrina es Marta, de 24 años, que desde que Benedicto XVI anunció en Madrid que la próxima JMJ se celebraría en Brasil ha estado trabajando cuidando a niños e impartiendo clases particulares. El dinero ya lo tienen y les sobran las ganas.

Son católicos y son jóvenes, pero tienen claro que el Papa no tiene por qué tener un carisma concreto y que es una persona que cambia de vez en cuando. Por eso Marta declara que "vamos a Río de Janeiro porque somos jóvenes y queremos apoyar al nuevo Papa". Victoria no se queda corta y afirma que "viajamos a Brasil porque queremos vivir una experiencia de Iglesia".
Ya tienen los billetes y hacen piña en el aeropuerto de Barajas, en Madrid. Distintos grupos de peregrinos se funden en uno sólo porque tienen el mismo objetivo. La expectación y los nervios les hermanan. Entre los peregrinos se van encontrando, como es el ejemplo de Luca, hasta de otros países. Luca es italiano, de la diócesis de Padua y no duda en decir que "quiero repetir la experiencia de encuentro de cristianos de todo el mundo".
En cuanto aterricen en Río de Janeiro se alojaran todos en parroquias y colegios que, como ocurrió en Madrid, han adecuado sus instalaciones para la acogida masiva de peregrinos. Aunque tendrán ciertas comodidades (no les faltará una ducha o el alimento) las condiciones no serán como en casa, pero nadie piensa en eso porque más que un sacrificio ir a la JMJ de Río de Janeiro es un oportunidad única.
Sólo quedan 11 horas de vuelo cruzando el charco hacia las Américas. Al igual que los exploradores del siglo XVI no saben qué van a encontrarse en tierras brasileñas, pero no dudan que va a ser algo magnífico, irrepetible, inolvidable. Estaremos atentos a sus andaduras y a las palabras del Papa Francisco en el país del fútbol que ya está siendo invadido por millares de jóvenes alegres llegados de todos los rincones del mundo.
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