21 julio 2013

JMJ: el obispo Munilla, en las favelas, asombrado por la mezcla de pobreza, devoción y fiesta en la misa


El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, responsable de pastoral juvenil de la Conferencia Episcopal Española y muy popular por sus intervenciones en Radio María comentando el Catecismo, ha escrito unas líneas sobre sus experiencias en Sao Paulo, con los peregrinos de la JMJ en Brasil en los días previos a la llegada del Papa Francisco. 

Al obispo le asombra la acogida y alegría unidas a la humildad de los brasileños de zonas desfavorecidas, y la combinación de devoción y entusiasmo, de guitarra eléctricas y ropajes litúrgicos, de adoración y música "marchosa de alabanza"... 

Reproducimos aquí su crónica inicial:

»Estamos acogidos en la parroquia de Santa Luzia de la diócesis de Campo Olimpo, que es la periferia de Sao Paulo (que a su vez la mayor urbe de Brasil, con más de 24 millones de habitantes contando con las poblaciones de la periferia que están unidas).

»La parroquia en la que estamos acogidos es de estrato social muy humilde, y un 30% de su población viven en favelas. Los demás en casas legalizadas, aunque muy humildes. Nos han acogido no digo bien, sino increíblemente bien. Es emocionante ver la hospitalidad de los pobres.

»La presencia de sectas en este barrio es fortísima. El 50 % de la población está en sectas, y el otro 50% es católica. El número de sectas es altísimo. El párroco dice que hay más de cien sectas creadas en este barrio.

»Nos explicaron con detalle el funcionamiento de la pastoral parroquial, en la que hay de todo (Renovación Carismática, Legión de María, Apostolado de la oración, grupos vicencianos de CARIDAD, grupos de pastoral juvenil, etc). 

»Después fuimos a las favelas donde jugamos un partido de futbol con los chavales, que nos dieron la revancha a los españoles, pero volvimos a perder… ¡Impresionante cómo pueden jugar al futbol unos mocosos descalzos ¡

»Luego entramos en una favela a rezar el rosario, metidos como pudimos en varias habitaciones. Lo hicimos en la favela de una familia en la que habían matado a dos hijos en un tiroteo. La madre nos había preparado una merienda para después del Rosario, y luego hicimos una fiesta con bailes a la que asistieron los miembros católicos de las favelas vecinas (también al Rosario). Todo el mundo bailaba, cada uno en el cubículo en que se encontrase, porque era imposible que cupiésemos en el mismo habitáculo.

»No os podéis ni imaginar cómo acogían la presencia del obispo entre ellos, y son más ‘devotos’ que nuestras monjas de clausura (y creo que no exagero, je, je…)



»Salimos de la favela ya de noche (aquí estamos en invierno y anochece para las 18:00) yera impresionante caminar sin luz por aquellos lugares (eso sí, siempre estamos acompañados por la organización de la parroquia, y estamos muy seguros).

»Tuvimos una eucaristía a las 20:00 en la parroquia, a la que asistió muchísima gente del barrio. Es impresionante cómo se puede compaginar tanta ‘devoción’ con tanta fiesta en la eucaristía (guitarras eléctricas y batería inclusive). Al mismo tiempo, todo ´supersolemne´, con monaguillos con sotana roja y roquete incluído. Al terminar la eucaristía, unos diez minutos de cantos y baile en la iglesia con toda la gente que no terminaba de marcharse, por la música religiosa tan animada.

»Luego cada uno a su casa. Estamos acogidos de dos en dos, o de tres en tres, en hogares de la zona. Allí desayunamos, comemos y cenamos; aunque también hemos hecho una comida conjunta.

»La conclusión de la experiencia:
1.- Los pobres nos evangelizan
2.- La Iglesia está más viva que nunca, pese al reto de las sectas
3.- Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de Dios
4.- Te doy gracias, Padre, porque estas cosas se las has ocultado a los sabios e inteligentes y se las has revelado a la gente sencilla. 

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=30297