22 agosto 2013

El cielo en una habitación. Bienvenidos a la casa de Chesterton

El Meeting de Rimini nos acerca a la vida y obra del escritor inglés a través de una original exposición

«Podéis entrar a la casa de los Chesterton». Así nos recibe un joven estudiante que nos invita a entrar furtivamente por la ventana de una amable casa inglesa. El estudio, el dormitorio, el salón, la bodega, el comedor, el baño. Una a una vamos recorriendo las estancias de Chesterton adentrándonos en su mundo, en su sorprendente mundo lleno de aventuras y sorpresas o, lo que es lo mismo, el mundo de su vida cotidiana



Ubaldo Casotto, periodista y responsable de la exposición, explica el corazón de la misma: «la gran originalidad de Chesterton es que en un momento en el que se estaban formando grandes ideologías que reducían al hombre, él no quiso combatirlas con otra ideología, con un pensamiento o un poder, sino que la alternativa que propuso fue la del hombre vivo, el hombre consciente de sí mismo, que desea, que tiene nostalgia de la verdad y de su propia casa, porque es en su casa donde puede vivir la verdad». Abarcar o explicar el pensamiento y la obra de Chesterton sería una empresa ilusoria. Consciente de ello, los organizadores de la exposición nos transportan a su casa, a sus objetos queridos; para Chesterton, más que las ideas y teorías, vale la realidad de las cosas cotidianas, las aparentemente inútiles e insignificantes y que, sin embargo, hablan ya del milagro de la existencia. 
«Si quieres conocer tu propia casa, el mejor modo de hacerlo es salir por la puerta de delante, dar la vuelta al mundo y volver a entrar por la puerta de servicio», como nos dice Chesterton en Man alive. El mundo entero se halla de alguna forma en el propio hogar. Los recuerdos que en él habitan son signo de las primeras sorpresas que inundaron nuestro mundo infantil, mundo que tantas veces miramos con la distancia y desapego de los hombres modernos y sabios y que, sin embargo, para Chesterton es el mundo más original y verdadero que pueda existir, el mundo que aparece ante los niños como un milagro, como un increíble cuento de hadas. Nuestro guía italiano nos obliga a entrar a gatas por debajo de una mesa al dormitorio de los Chesterton. Todo aparece engrandecido, como aparece ante los niños: una cuna con forma de barco (signo de las aventuras que tendremos que emprender) y una cama gigante rodeada por una colmena. 

El mundo en nuestra casa y el cielo en nuestra habitación. Para Chesterton, el cielo es la verdad y la profundidad del mundo. Por ello, también en el Hombre vivo, el protagonista, Mr. Smith, simpático y desconcertante, entra por la chimenea como Papa Noel, revolviéndolo todo, desordenándolo todo y en el aparente caos que introduce lo ordena todo, devolviendo cada cosa y cada persona a su lugar más original. La vida de Chesterton tiene algo de Mr. Smith. En su insultante simpatía, gordura y amor por la bebida y la carne (que son tan desmesuradas como su pasión por la verdad y el mundo), nos devuelve la verdad de nosotros mismos, esa que se asoma por la chimenea de nuestro salón y une el cielo con nuestra casa. 

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